El Monumental empieza a
despedir a Lionel Messi. Todavía falta el martes 6 de octubre, todavía queda
una última función con la camiseta de la Selección Argentina, pero anoche, en
la goleada 7-0 ante Burkina Faso, el estadio ya respiró ese clima extraño que
aparece cuando una historia que parecía eterna comienza, inevitablemente, a
escribir sus últimas páginas.
Hay despedidas que uno
imagina lejanas, casi imposibles. Esta era una de ellas. Porque durante años
pensamos que el día en que Lionel Messi dejara la Selección estaba demasiado
lejos. Sin embargo, el telón comenzó a bajar. Y los argentinos, lejos de
resistirse, lo acompañan con amor. Porque Messi no le debe nada al fútbol. Si
alguna vez la pelota le fue esquiva, finalmente el fútbol le devolvió aquello
que durante tantos años le negó: una Copa del Mundo.
Y quizás por eso, en las tribunas del Monumental, entre canciones y festejos, comenzó a escucharse una palabra que pesa: martes.
Una goleada que comenzó
antes del partido
Burkina Faso llegó al
Monumental con una historia particular detrás. La cancelación de un vuelo
alteró su planificación y el seleccionado africano arribó a Buenos Aires apenas
cinco horas antes del comienzo del encuentro.Además, jugó con un equipo
diezmado y prácticamente sin descanso, enfrentó a una Argentina que encontró
rápidamente los espacios y no tuvo piedad frente al arco. Pero hay que reconocer
también el mérito de Burkina Faso: pese a las dificultades, se presentó a
jugar. Y eso, en el fútbol, también merece respeto.
Argentina salió al campo
con Dibu Martínez; Agustín Giay, Cuti Romero, Lisandro Martínez, Facundo Medina;
Alexis Mac Allister, Enzo Fernández; Nicolás Paz, Gianluca Prestianni; Lautaro
Martínez y Julián Álvarez.
Y tardó apenas cuatro
minutos en abrir la noche. El ' Toro' Indomable de Lautaro Martínez, abrió el
marcador 1-0. Y a los 8 minutos, Moumouni Diallo, marcó en contra para el
segundo. A los 12', apareció la gambeta de Gianluca Prestianni para poner el
3-0.
El Monumental ya era una
fiesta.Pero todavía faltaba más.
A los 35 minutos, Nicolás
Paz convirtió el cuarto. Apenas un minuto después, Julián Álvarez marcó el
quinto.Cinco goles en 36 minutos.Y en la jerga de aquellas canchitas de barrio
donde los chicos aprendían a jugar al fútbol, alguien seguramente hubiera
dicho: “zapatero”.Pero esta vez la goleada tenía otra lectura porque Scaloni
estaba mostrando que detrás de Messi hay jugadores preparados para continuar la
historia.
Es imprescindible señalar
que Agustín Giay tuvo una noche para destacar. Con la camiseta número 4,
recorrió la banda derecha con eficiencia, precisión y mucha destreza. Encontró
en Nicolás Paz a un buen socio que también tuvo una noche a pura magia. Ambos
mostraron una sociedad que puede tener futuro. Paz, mientras tanto, sigue
pisando fuerte. El acento español es apenas una anécdota cuando aparece la
pelota. La sangre es argentina y el talento también.
Por la izquierda, Facundo
Medina empieza a mostrar algo más que buen fútbol: personalidad. De a poco,
comienza a transformarse en uno de esos jugadores que pueden convertirse en
caudillos. En el centro del campo, Enzo Fernández volvió a demostrar por qué
juega en la Premier League. Realmente un verdadero reloj para distribuir la pelota,
medir los tiempos y encontrar siempre el pase correcto. Y a su lado, Alexis Mac
Allister, quien aporta esa inteligencia silenciosa que muchas veces no necesita
presentación.
Y arriba, dos delanteros
que juntos son dinamita pura: Lautaro Martínez y Julián Álvarez.
Mientras tanto,
Prestianni volvió a mostrar su carta de presentación: la gambeta. Esa vieja
costumbre de tomar la pelota, mirar al defensor y decirle, sin palabras, “vení
a buscarme”.
El recambio ya está en
marcha
El segundo tiempo
permitió que Scaloni siguiera abriendo la puerta de la Selección.Llegaron los
debuts de Tomás Palacios, Matías Soulé y Santiago Castro.
También ingresaron Gerónimo
Rulli, Giuliano Simeone, Leo Balerdi, Valentín Barco, Franco Mastantuono y
Leonel Flores. Una generación on fire, que no solamente genera expectativa:
empieza a generar ilusión.
Y entonces ocurrió algo
simbólico.El Dibu Martínez dejó el campo y la cinta de capitán pasó a manos de Gerónimo
Rulli.Antes, el Cuti Romero se la había cedido al propio Dibu.
La cinta cambia de brazo.Los
nombres cambian.La generación cambia.Pero la camiseta sigue siendo la misma.
A los 57 minutos, Franco
Mastantuono marcó el sexto.Y cuando parecía que la noche ya estaba terminada,
apareció una sociedad que comienza a transformarse en una pequeña costumbre.Valentín
Barco, con esa pelota pinchada que tantas veces utilizó como recurso, encontró
a Giuliano Simeone.
A los 90+3', Simeone puso
el 7-0 definitivo.Siete goles.Una goleada contundente.Una generación que
empieza a levantar la mano.Y un Monumental que ya piensa en otra cosa : el
último tango
Porque aunque Argentina
tenga nombres nuevos, aunque haya talento, aunque el futuro parezca asegurado,
hay una ausencia que se sigue sintiendo.La del número 10.Messi no estuvo en
esta función. Pero estuvo en todas partes.En las canciones.En las camisetas.En
las conversaciones.En la memoria.Y sobre todo, en ese extraño silencio que
aparece cuando todos saben que una historia está llegando a su final.
Dicen que los tangueros escribían sobre el amor, el dolor y las despedidas. No queremos imaginar entonces cómo será ese último tango que Lionel Messi baile con la pelota en los pies.El martes será diferente.El Monumental volverá a llenarse para despedir al hombre que durante años convirtió lo imposible en cotidiano.
Y mientras el telón
comienza a bajar, la Selección mostró que detrás del 10 hay futuro. Hay Giay. Hay
Nico Paz. Hay Prestianni. Hay Medina. Hay Mastantuono. Hay Simeone. Hay una
generación entera esperando su momento.
Pero el martes, por una
noche, no habrá futuro. Habrá presente. Y habrá un solo nombre que volverá a
cantar todo el Monumental: Messi.
Porque algunas historias
no terminan cuando suena el último silbato.Algunas historias quedan para
siempre.Y la de Lionel Messi con la Selección Argentina ya es una de ellas.





