La
Albiceleste terminó primera en el Grupo J, pero quizá el destino quiso que
fuera justamente esa letra la que acompañara el camino de esta Selección. Porque, si la Jota tuviera un significado para este
grupo, sería "Juntos". Juntos para correr cuando
las piernas pesan. Juntos para abrazarse en cada gol. Juntos para levantar al
compañero cuando tropieza. Y juntos para defender un sueño que ya dejó de ser
de once jugadores para convertirse en el de todo un país.
Y realmente vale la pena cada vez que vemos un partido de
esta Selección que sigue cosechando victorias en esta Copa del Mundo 2026. Como
la espina que se sacó Giovani Lo Celso, autor del primer gol.Y, como dice el
viejo refrán, los tiempos de Dios son perfectos. Porque cuatro años atrás, una
lesión le arrebató el sueño de disputar el Mundial de Qatar 2022. Fueron meses
de angustia, de preguntas sin respuestas y de ver desde afuera cómo sus
compañeros levantaban la Copa del Mundo. Pero el fútbol, cuando quiere devolver
lo que alguna vez quitó, suele hacerlo de la manera más hermosa.
Y,
Gio acarició la pelota con la sutileza de un artista y dibujó una verdadera pincelada
olímpica de tiro libre. La redonda viajó con una precisión perfecta y dejó
inmóvil al arquero Abulaila, que apenas pudo seguir con la mirada una obra de arte
imposible de detener. Porque no fue solamente un gol.Fue la recompensa para un
futbolista que nunca dejó de creer. Fue la cicatriz cerrándose delante de
millones de argentinos. Fue el desahogo de alguien que esperó cuatro años para
volver a abrazarse con su sueño.
Y
luego, llegó el turno de Lautaro Martínez.El penal cometido sobre Marcos Senesi
encontró al "Toro" otra vez frente a la pelota. Respiró profundo,
igual que aquella noche inolvidable frente a Países Bajos en Qatar. Miró al
arquero, confió en su instinto goleador y definió con la tranquilidad de los
grandes. Su festejo tuvo algo especial: confianza. Y también, un alivio al
espantar la mufa y demostrar que cuando la camiseta argentina pesa sobre el
pecho, siempre aparece dispuesto a responder.
Ya
en el segundo tiempo llegó el único momento de desconcierto de la noche. Una
desatención en la zona donde habitualmente transmite seguridad Emiliano
"Dibu" Martínez permitió que Al-Taamari descontara para Jordania.Pero
esta Selección tiene una virtud que la distingue: nunca pierde la calma.Y
entonces apareció Lionel Scaloni con otra decisión acertada. Desde el banco
mandó a la cancha al capitán. Apenas Lionel Messi pisó el césped, el estadio
entero cambió de temperatura. Hubo una ovación de esas que erizan la piel.
Porque podrán pasar los años, pero cada vez que el mejor jugador del mundo
entra a una cancha con la camiseta argentina, el tiempo parece detenerse.
Entró,
pidió la pelota y volvió a demostrar que el futuro ya es presente.Con otro
magnífico tiro libre convirtió el tercer gol argentino y alcanzó su sexto tanto
en esta Copa del Mundo.
El
grito cruzó el estadio, pero también viajó miles de kilómetros. Porque cada gol
de esta Selección encuentra un abrazo en algún rincón de la Argentina
Además,
entre tantas actuaciones sobresalientes hubo una que merece un capítulo aparte.
Marcos
Senesi, jugó uno de esos partidos que dignifican el puesto de marcador central.
Anticipó, bloqueó, salió jugando con una elegancia admirable y transmitió
seguridad durante los noventa minutos. El entrerriano nacido en Concordia
volvió a demostrar por qué el ADN litoraleño también sabe de coraje.Pero hubo
una imagen que quedó grabada por encima de cualquier estadística.Su rostro
marcado por el esfuerzo, por los golpes y por la entrega recordó inevitablemente
al inolvidable Leopoldo Jacinto Luque en el Mundial de 1978.
Distintas
épocas. Distintos rivales.La misma mirada.La misma sangre.La misma decisión de
dejar absolutamente todo por la camiseta celeste y blanca.
La
noche también quedará grabada para el el correntino el "Flaco" López ,
que ingresó con esa mezcla de orgullo y coraje que caracteriza a su tierra.
Metió, luchó y peleó cada pelota como si en cada cruce se escuchara un sapucay
brotando desde el corazón de Corrientes.
Y
también existen apellidos que el tiempo transforma en legado. Nicolás Paz
volvió a escribir una página de esa historia al vestir la camiseta celeste y
blanca con el mismo orgullo con el que alguna vez la defendió su padre, Pablo
Paz. Porque hay sueños que empiezan en un padre y encuentran su continuidad en
un hijo.
También
fue importante el regreso de Leandro Paredes, aportando pausa, equilibrio y
claridad en la mitad de la cancha. Y Giuliano Simeone volvió a hacer de cada
pelota una causa personal, corriendo con una intensidad que por momentos
recordó a Usain Bolt, sin regalar un solo metro y demostrando que el sacrificio
también puede ser una forma de jugar.
Esta
victoria no se construyó solamente desde los nombres propios. Cada jugador hizo
lo suyo. Cada uno aportó una pieza distinta para completar un rompecabezas que
volvió a demostrar que la mayor fortaleza de esta Selección es el grupo.Si
hubiera que resumir la noche en una sola palabra, volveríamos al principio.: Juntos.
Ahora
el camino continúa. El próximo 3 de julio aparecerá un nuevo desafío llamado
Cabo Verde. Su arquero ya avisó que intentarán complicar a la Argentina.Está
bien.Los pingos se ven en la cancha.Y si algo enseñaron Lionel Scaloni, Pablo
Aimar y todo este cuerpo técnico es que nunca permiten relajarse. Cada partido
es una final. Cada camiseta se defiende como si fuera la última.Porque estos
soldados del fútbol siguen custodiando el título con el corazón en la mano.
Por
Gaby Medina ( Periodista)




