Porque si
algo volvió a quedar claro en esta Copa del Mundo es que la Scaloneta no es
solamente un equipo de fútbol. Es una familia. Un grupo que se abraza, se
protege y se empuja hacia adelante cuando las piernas pesan. Un equipo
atravesado por algo que va más allá de la táctica o el talento: EL SENTIDO DE
PERTENENCIA
Dicen que el
sentido de pertenencia es la identificación emocional de una persona con un
grupo que le brinda aceptación, seguridad y conexión. Y eso fue precisamente lo
que se vio dentro y fuera del campo de juego.
La previa
tuvo todos los ingredientes de una postal argentina. El calor texano era
abrasador, pero no más fuerte que la pasión de miles de hinchas que coparon las
calles de Dallas. Hubo asado, fernet, bombos, banderas y familias enteras
vestidas de celeste y blanco. Por momentos parecía una tarde de Superclásico en
Buenos Aires. Nadie quería perderse la cita. No era un partido más. Era una
nueva función de una Selección que sigue enamorando y la posibilidad de
presenciar otra página dorada en la historia de Lionel Messi.Y vaya si la
escribió.
Con su
doblete ante Austria, el capitán alcanzó los 18 goles en Copas del Mundo y se
convirtió en el máximo goleador histórico de los Mundiales, dejando atrás a
Miroslav Klose. El alemán, lejos de cualquier mezquindad, lo reconoció con
grandeza: "Para mí, Lionel Messi es el mejor futbolista de todos los
tiempos. Felicidades, campeón".
A veces
cuesta creer que Messi esté a punto de cumplir 39 años. Porque juega como aquel
chico que corría detrás de una pelota en las canchitas de Rosario. Como ese
pibe que se ensuciaba las rodillas persiguiendo un sueño imposible. Conserva la
misma rebeldía, la misma pasión y la misma necesidad de competir hasta la
última pelota.Pero ni siquiera para él fue sencillo.
El partido
comenzó cuesta arriba. Austria se mostró ordenada, intensa y agresiva en la
presión. Cerró espacios, cortó circuitos y complicó la circulación argentina
durante buena parte del primer tiempo. Como si fuera poco, Messi tuvo la
oportunidad de abrir el marcador desde los doce pasos, pero falló el penal.
Durante algunos minutos pareció que la fortuna le daba la espalda.Sin embargo,
las leyendas no se construyen en los momentos fáciles.
Tuvo que
soportar golpes, marcas pegajosas, gambetas que no prosperaban y carreras que
terminaban antes de tiempo. Hasta que apareció la paciencia. Hasta que llegó la
inspiración. Y entonces, a los 38 minutos, el fútbol volvió a rendirse ante su
rey.
Facundo
Medina levantó la cabeza y dibujó un pase perfecto. Thiago Almada entendió la
jugada antes que nadie y dejó correr la pelota con inteligencia. Y allí apareció
él. Siempre él. Lionel Messi. El hombre que parece conversar con la pelota en
un idioma que nadie más comprende. Definió con precisión y desató el grito
contenido de todo un pueblo.
Fue el 1-0.
Pero también fue mucho más que un gol.Fue un alivio. Una caricia al alma. Un
nuevo capítulo en una historia que parece no tener final.
En el
complemento, Austria adelantó sus líneas y salió en busca del empate. Argentina
respondió con personalidad. Sin desesperarse. Sin renunciar a su identidad. Con
un Emiliano Martínez gigante bajo los tres palos, transmitiendo la seguridad de
siempre. Ese arquero que hace sencillo lo difícil y que parece repetir en
silencio su mantra de batalla: "Arco en cero, ¡muchachos!".
La
Albiceleste resistió, luchó y volvió a demostrar que cuando este grupo se
propone algo, no hay obstáculo capaz de detenerlo.Y cuando el reloj ya se
consumía, llegó el golpe definitivo.
Corrían 90
minutos más cinco de descuento. Austria había dejado espacios y Argentina
encontró el camino. Entonces apareció otra vez Leo. Porque cuando la historia
necesita un protagonista, él siempre levanta la mano. Porque sigue jugando al
fútbol con la alegría de un chico y la jerarquía de una leyenda.
Messi marcó
el 2-0 y el estadio explotó.Y miles de argentinos saltaron, lloraron y se
abrazaron. También, lo hicieron muchos latinoamericanos infiltrados entre las
tribunas, rendidos ante una Selección que trasciende fronteras. Era imposible
no emocionarse. Imposible no sentir orgullo. Imposible no agradecer. Porque
este equipo sigue regalándole felicidad a un pueblo entero.Porque detrás de
cada victoria hay sacrificio, compañerismo y amor por la camiseta.Porque
mientras algunos equipos juegan al fútbol, Argentina juega con el corazón.
Ahora el
camino continúa. El próximo desafío será Jordania, el sábado 27 de junio a las
23 hs (Argentina), en el Dallas Stadium. Allí estará nuevamente el líder del
Grupo J. Allí volverán a estar estos guerreros que dejan la vida en cada pelota
y que cuidan a su capitán como el tesoro más preciado.Porque cuando la
Scaloneta se pone en marcha, no existen barreras ni imposibles.La suerte está
echada.Y la ilusión también.
¡Vamos, Selección!
Gabriela Medina- Periodista





