A todos les costó
creerlo. También lo buscaron en la tribuna durante el Mundial, esperando verlo
una vez más, porque tenían la esperanza de que pudiera recuperarse. La noticia
fue repentina y dolorosa. Y, desde lejos, solo querían abrazar a Leo, para que
sintiera que, aun sin conocerlo personalmente, siempre va a tener el apoyo
incondicional de toda la Argentina y del mundo entero.
Porque Jorge
Messi no fue solamente el papá de Lionel. Fue ese faro silencioso que estuvo
detrás de cada paso, de cada decisión y de cada sueño. Y fue desde aquellos
primeros días en el Club Abanderado Grandoli, cuando apenas era un niño y
comenzaba a descubrir que la pelota podía convertirse en su lugar en el mundo.
Y también, como en el año 2000, durante una prueba en River, donde Leo era tan
pequeño que lo habían dejado para el final y no le dieron demasiada
importancia. Jorge, desde atrás del alambrado, le gritó: “Decile a ver si te
pone, que se va a terminar la prueba”. Entonces el coordinador se dio vuelta,
preguntó de qué jugaba aquel chico y lo mandó a la cancha. Leo tocó apenas un
par de pelotas y deslumbró a todos. Enseguida quisieron saber quién era su
padre. Y para Jorge, aquellas piruetas de su hijo quizás eran parte de la vida
cotidiana. Para el resto, empezaba a aparecer algo extraordinario.
Después llegó
Newell's. Llegó Barcelona. Y con Barcelona, uno de los momentos más difíciles:
dejar Rosario, su gente, sus afectos y comenzar una vida lejos de casa. Jorge
estuvo allí. También, estuvo durante el paso por el París Saint-Germain, en la
llegada al Inter Miami y, por supuesto, durante uno de los momentos más
importantes de la vida de Leo: cuando finalmente pudo ingresar a su amada Selección
Argentina. Porque hubo algo que siempre estuvo por encima de todo: el amor de
un padre por su hijo.
Jorge fue papá,
amigo, representante, compañero y también ese hombre que estaba en la tribuna
sufriendo cada partido, disfrutando cada conquista y, como contó alguna vez
Leo, sin regalar demasiados elogios.
Hoy, las
palabras de Leo conmueven porque detrás de cada una aparece toda una vida
compartida:
“Pa,
todavía no puedo creer que te hayas ido. No caigo, o mejor dicho, no quiero
caer.”
Y quizás una de
las frases que más duele es aquella en la que Leo reconoce que todavía les
quedaba mucho por vivir juntos. Porque durante el Mundial, aun con el dolor y
la preocupación por la salud de su papá, Leo siguió adelante. Jugó pensando en
él. Quería llegar hasta el final para regalarle aquella Copa, para que pudiera
viajar, verlo jugar y compartir nuevamente juntos una de esas tantas alegrías
que habían construido desde que todo comenzó. Pero la vida no siempre permite
elegir los tiempos:
“Quería
ganarla para llevártela y mostrarte una nueva. No pude. Las piernas no me daban
más.”
Y quizás Jorge,
desde algún lugar, supo siempre cuánto lo intentó.
Leo también
recordó aquellos primeros años: los entrenamientos a los que su papá lo llevaba
apenas terminaba de trabajar, los partidos a los que nunca faltaba, las horas
de esfuerzo y todo lo que hicieron juntos para que aquel sueño pudiera
convertirse en realidad.
“Fuiste
papá, amigo y representante.”
Tres palabras
que resumen una relación que fue mucho más allá del fútbol.
Leo quiso
regalarle la Copa. Quizás no pudo hacerlo como había imaginado. Pero,
seguramente Jorge recibió durante toda su vida un regalo mucho más grande: el
orgullo inmenso de ver a su hijo convertirse en quien siempre supo que podía ser.
Porque los padres que acompañan desde el comienzo no necesitan una Copa para
saber que ganaron.
Jorge, ganó
cuando vio a Leo feliz. Ganó cuando lo vio cumplir sus sueños. Ganó cuando lo
vio vestir la camiseta argentina. Ganó cuando vio a sus hijos crecer. Y ganó
cada vez que pudo sentarse en una tribuna y mirar a aquel pequeño que alguna
vez llevó a entrenar después del trabajo.
Y hoy, Leo se
pregunta cómo seguir sin él. Y la verdad no tenemos respuestas. Solo podemos
decirle que no está solo. Y que respetamos su dolor, sus tiempos, su silencio y
también cualquier decisión que tome de ahora en adelante. Porque después de
haberle dado tanto al fútbol, nadie tiene derecho a exigirte nada.
¡Te abrazamos
con el alma, Leo! Y mientras vos aprendes a caminar con esta ausencia, nosotros
vamos a recordar a Jorge como lo que fue: el hombre que estuvo detrás del sueño
de un niño y que ayudó a que ese niño se convirtiera en leyenda.
Descansé en paz,
Jorge. Y vos, Leo, cuando mires al cielo, seguramente habrá una estrella que no
necesitó estar en una camiseta para ser eterna: La de tu papá.
“Te voy a
extrañar mucho, pero siempre vas a estar presente.” Y sí, Leo. Siempre ❤️
Por Gaby Medina (Periodista)





